Tras más de diez años en la zona, y de haber visitado muchos de los restaurantes de Bávaro y Punta Cana, he creado este espacio para comentar mis experiencias personales en cada uno de ellos. Espero que la información os sea de utilidad y que me ayudéis con vuestros comentarios a complementar mis experiencias. ¡Buen provecho!

dimecres, 11 de maig de 2016

PRANAMA INDIAN RESTAURANT

Lo primero que uno espera ver cuando va a un restaurante que podríamos englobar en la categoría de "exótico", es que sea eso, exótico, y el restaurante Pranama es casi cualquier cosa menos exótico, por lo menos en su apariencia externa. Aunque como bien me decían cuando era niño y algo no me acababa de salir bien, lo que cuenta es la intención.

Digo que no es exótico en su apariencia porque la decoración no es el fuerte de este restaurante, si bien he de reconocer en su defensa que la noche en que fuimos a cenar estaba lloviendo muy fuerte y quizá eso les hizo recoger alguna decoración externa. 

Así pues, no esperes encontrar una decoración como la del restaurante indio de "The Hundred-Foot Journey", cargada de lucecitas, arcos hindúes y todos los tópicos del mundo mundial (¡que es lo que uno espera encontrar!), porque la verdadera esencia de un restaurante está en su menú y su servicio, y ahí, ambos me parecieron excelentes.

Soy incapaz de repetir qué comimos, pero los cuatro comensales solicitamos platos diferentes y en todos los casos quedamos felices con lo que nos sirvieron, al igual que nos ocurrió con las entradas, que me parecieron una delicia, y los postres, que no tuvieron nada que envidiar al resto de la cena.

El personal que atiende el local no tiene esa costumbre tan extendida entre los restaurantes de la zona, y que consiste en hundir al negocio que les paga en la miseria más absoluta dando un servicio de pena a los clientes. En Pranama el servicio estuvo acorde al resto del restaurante, excelente, cuidado y nada exótico.

Debo reconocer que soy un experto, ni siquiera un aficionado avanzado, de la comida india, pero me sentí bien tratado, bien atendido, comí muy bien, y a la salida, a pesar de no ver lucecitas ni manteles de colores, todavía guardaba los dos riñones íntegros en la parte trasera de mi espalda y las ganas de volver íntegras en mi imaginario.