Tras más de diez años en la zona habiendo visitado muchos de los restaurantes de Bávaro y Punta Cana, he creado este espacio para comentar mis experiencias personales en cada uno de ellos.

dimecres, 20 de juliol del 2016

AMALUNA

Solo por el valor de mantener abierto un restaurante vegano en Punta Cana, AmaLuna merece un aplauso, redoble de tambores y que le hagan la ola a los propietarios cada vez que salgan a la calle. 

Reconozco que el lugar, si bien está perdido entre callejuelas poco recomendables a según que horas, está decorado con extremo buen gusto, todo muy al estilo new age, of course, pero bonito. Plantas, lucecitas, grava para marcar los caminos, candiles en las mesas, platos de madera, todo muy lindo, como si dijéramos, aunque sería aconsejable que las carpas que cubren las mesas las subieran un metro más arriba porque en lugar de producir un efecto "íntimus", producen un efecto "calderus" que cuece a los comensales como si fueran tallos de verdura.

A juego con la decoración del lugar se aparecen los platos, extremadamente cuidados y de un impacto visual enorme, algo que para la cocina vegana es fundamental, pues anda muy justa de sabores y texturas. Durante muchos años de mi vida he sido vegetariano, ahora ya no, pues por motivos que no vienen al caso desde hace un lustro decidí incluir en mi dieta pescado y algo de pollo, pero que yo haya abandonado la senda de la verdad, o la secta de la verdad..., según se mire, no es óbice para que no sea capaz de reconocer el esmero en la cocina de AmaLuna.

El problema, o mejor dicho, mi problema es que todos esos años que mantuve una dieta estrictamente vegetariana dejaron un cierto regusto en mi paladar, como una marca propia de la comida vegana, una especie de acidez que me deja toda la comida elaborada sin huevo, lácteos, etc. y que siento incluso en los postres.

Como decía, hay que reconocer al restaurante vegano su dedicación, el esfuerzo titánico que ha de suponer encontrar ingredientes apropiados a su cocina, cocineros que sepan tratar estos ingredientes, el esmero del servicio, de la atención al cliente, muy de Paulo Coelho, lo que supone un oasis infinito en la vida prosaico-mundana de Bávaro y Punta Cana.

Nosotros escogimos un menú de degustación que nos pareció mucho más que correcto, si bien, y como pasa muchas vecen en esto de la new age, el peace and love parece olvidarse con la cuenta final y entonces, ni siquiera las frases de Coelho suponen un consuelo válido. 


divendres, 24 de juny del 2016

ARROCERÍA VALENCIANA

¿Te gusta el arroz al estilo “paella”? ¿Tienes tres riñones o dos bien aposentados? Si ambas respuestas son positivas, tu lugar es Arrocería Valenciana, en el residencial de lujo cartón piedra de Cap Cana.

Lo cierto es que el lugar es inmejorable, con vistas a la magnífica marina de Cap Cana, con un mobiliario excelente, una vajilla preciosa, y tantos camareros por mesa como cubiertos en la misma. Un lugar que podríamos llamar de lujo, tanto por el entorno, como por la comida, como por el precio que te hacen pagar cuando te atreves a pedir la cuenta.

La especialidad del lugar es el arroz al estilo paella, como bien indica el propio nombre del restaurante. Nosotros comimos un arroz que yo no había probado antes, arroz con pato y hongos, y la verdad es que fue una buena combinación, quizá un poco pesada para mi gusto, pero a la que se le notaban tablas. El servicio, sea un restaurante de lujo o un pica-pollo, te deleita con lo mismo, con camareros con súper poderes. Normalmente, la mayoría de los seres humanos podemos cerrar los ojos, pero solamente una minoría con poderes extraordinarios consigue mantenerlos abiertos sin ver y cerrar los oídos al mismo tiempo. Esta maravillosa minoría se ha concentrado en ocupar los puestos de camareros en muchos de los restaurantes del mundo, y la Arrocería Valenciana no es una excepción. 

Como decía, el arroz más que correcto, el lugar magnífico, la atención, en la línea que uno puede esperar, pero lo que me pareció fuera de lugar, aun teniendo en cuenta todo lo anterior, fue el precio. Creo que pagar treinta y largos dólares (con impuestos) por un plato de arroz es algo excesivo. Uno ya sabe que cuando va a un lugar de estos lo va a pagar, especialmente en las bebidas, los postres y los cafés, pero aquí no desaprovechan la opción de castigarte también en el plato principal.

Sería injusto no reconocer, además de lo ya mencionado del lugar excepcional, el ablandamiento de corazón que se le produce a un catalán cuando, minutos antes de ser aguijoneado por una cuenta afilada, le ofrecen la posibilidad de catar una crema catalana excelente, algo que me dejó con una sonrisa en los labios y un dolor en la riñonera lo suficientemente intenso para no volver en bastante tiempo.


dimarts, 17 de maig del 2016

SABORAMAR COCINA PERUANA

¿El mejor ceviche peruano en Bávaro?, sin dudarlo, lo he comido en Saboramar, un restaurante de comida peruana situado en el peor sitio del mundo, en un residencial apartado al que sólo aquellos que saben exactamente dónde está el lugar pueden encontrarlo. Es tan complicado acceder que ni siquiera aparece en Google Maps, motivo por el que dejo el teléfono para los que estéis interesados, 18297059091.

Como decía, enclavado en el interior de un residencial más bien apartado del mundo, y justamente utilizando una de las villas de ese residencial, nos encontramos con una sorpresa del todo inesperada, un restaurante de comida peruana regentado, si no estoy equivocado, por una pareja que lo dirige de una forma totalmente familiar. Es decir, lo que te encuentras a la llegada no es un restaurante como tal, sino una casa con piscina cuya terraza ha sido reconvertida para alojar cuatro o cinco mesas para comensales. Un lugar pequeño, familiar, y en el que cualquier decoración extra brilla por su ausencia. Desde la mesa tienes visión de la cocina y del trabajo que allí se desarrolla, lo cual a me genera una gran confianza, y de la piscina, en la que muy probablemente te puedas bañar si andas preparado para tal actividad.

Como decía, y sin conocer para nada a los dueños, uno tiene la sensación de haber ido a comer, o cenar, a casa de unos amigos (pagando, claro) donde el trato que recibes es tal cual, directo de los dueños con la ayuda de algún camarero con más voluntad, mucha y muchas ganas de hacerlo bien, que oficio.

Todo esto da, a los que no hayan ido nunca como me pasó a mí, una sensación de pensar “dónde me he metido”, y más cuando ves una carta más bien justa en cuanto a opciones. Pero poco a poco vas entrando en el ambiente, escuchas el agua de la cascada que cae en la piscina, ves que las formas del cheff son de conocimiento de lo que está haciendo, y te relajas, ¡porque además no tienes más opción!, miras los platos, decides, y ahí es cuando te das cuenta de que vas a acertar porque el mismo cheff que te los vende es quien te los prepara.

En mi caso pedí un ceviche peruano y una cazuela de pescado sudado, y ambos fueron exquisitos, ricos en cantidad, en calidad, en forma, en presentación y en gusto, pero con mucho, me quedo con el ceviche, magnífico. Es evidente que la distancia con Perú dificulta el tener siempre todos los ingredientes listos en la despensa, de hecho pedí un ceviche palteado y el propio cheff me lo desaconsejó porque el aguacate que tenía no gozaba de la calidad necesaria para hacer bien el plato. Esta sinceridad la agradezco muchísimo cuando voy a pagar por un servicio, pues te da la opción de elegir mejor sin riesgo a meter la pata.

Chicharrón, ceviche, anticuchos, pescados, mariscos, pulpo, y una línea de comida peruana (más bien costeña) preparada con mucho cariño por alguien que sabe lo que hace, sumado además a las ganas por agradar, hicieron que me sintiera bien, que comiera bien y que tenga ganas de volver. 




dimecres, 11 de maig del 2016

PRANAMA INDIAN RESTAURANT

Lo primero que uno espera ver cuando va a un restaurante que podríamos englobar en la categoría de "exótico", es que sea eso, exótico, y el restaurante Pranama es casi cualquier cosa menos exótico, por lo menos en su apariencia externa. Aunque como bien me decían cuando era niño y algo no me acababa de salir bien, lo que cuenta es la intención.

Digo que no es exótico en su apariencia porque la decoración no es el fuerte de este restaurante, si bien he de reconocer en su defensa que la noche en que fuimos a cenar estaba lloviendo muy fuerte y quizá eso les hizo recoger alguna decoración externa. 

Así pues, no esperes encontrar una decoración como la del restaurante indio de "The Hundred-Foot Journey", cargada de lucecitas, arcos hindúes y todos los tópicos del mundo mundial (¡que es lo que uno espera encontrar!), porque la verdadera esencia de un restaurante está en su menú y su servicio, y ahí, ambos me parecieron excelentes.

Soy incapaz de repetir qué comimos, pero los cuatro comensales solicitamos platos diferentes y en todos los casos quedamos felices con lo que nos sirvieron, al igual que nos ocurrió con las entradas, que me parecieron una delicia, y los postres, que no tuvieron nada que envidiar al resto de la cena.

El personal que atiende el local no tiene esa costumbre tan extendida entre los restaurantes de la zona, y que consiste en hundir al negocio que les paga en la miseria más absoluta dando un servicio de pena a los clientes. En Pranama el servicio estuvo acorde al resto del restaurante, excelente, cuidado y nada exótico.

Debo reconocer que soy un experto, ni siquiera un aficionado avanzado, de la comida india, pero me sentí bien tratado, bien atendido, comí muy bien, y a la salida, a pesar de no ver lucecitas ni manteles de colores, todavía guardaba los dos riñones íntegros en la parte trasera de mi espalda y las ganas de volver íntegras en mi imaginario.


divendres, 15 d’abril del 2016

PASTRATA MEXICAN RESTAURANT


Sin duda, si te gusta la comida mexicana, Pastrata es una apuesta segura. Sin considerarme para nada un experto, ni siquiera un aficionado avanzado, en comida mexicana, la carta de Pastrata está a la altura de lo que uno espera encontrar en un restaurante temático no perteneciente a una cadena de franquicias.

Por desgracia, la comida mexicana ha sido abducida en el mundo de la restauración por cientos de cadenas de franquicias que preparan los platos típicos mexicanos en cocinas industriales, los congelan, los envían a sus restaurantes franquicia y allí, previo paso por un horno microondas, los sirven calentitos (o no) a los guiris incautos. Una porquería de cocina que ridiculiza y avergüenza la gastronomía mexicana.

Como decía, sin ser experto en cocina americana, sí sé reconocer cuando un plato viene de un camión frigorífico a mi mesa, o cuando ha habido un trabajo de fogones en las manos de un profesional, y sin duda el restaurante Pastrata responde a esta segunda categoría. El lugar, decorado sin estridencias, sin sombreros mexicanos, fotos de Vicente Fernández, guitarrones o banderas tricolor, goza de un ambiente distendido en el que la música de fondo, latina pero sin mariachis, forma parte del encanto del restaurante.

Sopa, fajitas, burritos, quesadillas, salsas, picantes y muy picantes, y postres, fueron nuestro menú a la altura de las expectativas depositadas cuando uno sale a comer o cenar. Incluso el detalle de dar una galleta con el nombre del local unos minutos antes de la factura me pareció encantador. Un detalle que debe tener un costo de centavos de dólar y cuyo objetivo es el de hacerte recordar con una sonrisa el restaurante, algo que consiguieron con creces. Lo que lleva a preguntarme por qué, si en Pastrata lo hacen y el resultado final es excepcional, una idea tan fácil de copiar no se instala en el resto de restaurantes de un cierto nivel.

La cuenta más hacia "correctalta" que hacia barata, pero como he dicho, soy de la opinión de que vale la pena pagar algo más y cenar feliz.

Por cierto, no sé si es demasiado soez la expresión popular picante campana, que pica cuando entra y cuando…, pero no se me ocurre un mejor cumplido a la salsa habanera de anoche. Una salsa, por cierto, ¡a la que ya tengo ganas de volverme a enfrentar!

dimecres, 6 d’abril del 2016

NOAH RESTAURANT & LOUNGE

Hay un lugar en Bávaro al que podría colgar, sin riesgo de equivocación, la etiqueta como mejor restaurante de toda la zona. Un lugar en el que la calidad es excelente, el servicio acorde, la decoración elegante, y sus platos exquisitos. Ese lugar se llama Noah Restaurant & Lounge, aunque todos lo conocemos sencillamente por Noah, y está situado en el párking de un centro comercial.

Por más increíble que parezca, el mejor restaurante de Bávaro con diferencia (para mí, claro) no tiene vista al mar, no tiene arena de playa, las palmeras están en tiestos y la música ambiente no se basa en cacofonías, bachata o merengue, curiosamente es todo al contrario de lo que uno espera encontrar en un restaurante de la zona turística.

Noah es, desde hace años, el mejor lugar para ir a comer o cenar de la zona, con una carta magnífica en la que todos los platos que he probado (a excepción de las pizzas) me han dejado una gran sonrisa en la boca. Sus entradas, el trío de ceviche es extraordinario, sus pastas, arroces, pescados (el tataki de atún es magnífico) y mariscos, son de una factura excelente. No puedo opinar de la carne porque yo no la como, pero con los que he tenido la fortuna de compartir mesa me han asegurado que las mismas están en la línea de excelencia del resto de la carta.

Noah ha logrado muchas cosas en estos años, una de ellas es combinar los platos típicos de la cocina criolla y dotarlos de una calidad superior elevándolos a la categoría de buena cocina, algo parecido a lo que ha hecho el gran Juan Luis Guerra con la música dominicana, y así puedes comer un chivo asado (repito que yo no lo he probado) con arroz y moro de guandules excelente, marcado con una presentación de alta mesa lo más alejada posible del típico "cucharazo" criollo. Esta fusión entre cocina caribeña y alta cocina solo la he visto en dos lugares, en el propio Noah, y en un restaurante magnífico de Santo Domingo, Pat'e Palo, que merece una entrada próxima por ser también extraordinario.

Otro de los logros de Noah, además de la ya comentada excelencia de su cocina, es haber pasado de ser uno de los restaurantes más caros de la zona a ser uno “normal”, pues el resto, sin acercarse a la sombra del Noah, han subido sus precios hasta igualar o incluso superar al maestro. Qué lástima que solo se hayan fijado en esta parte prosaica del negocio y no se hayan preocupado por tener una carta amplia siempre disponible, una música ambiente excelente, que invita a la charla y no al grito, o un servicio atento con camareros experimentados y habituales del lugar. Qué pena que el Noah no haya servido de vara para medir la calidad por la parte alta y sí la lista final…, pero la gran ventaja de esto es que ahora, cuando vamos al Noah, además de disfrutar de la comida, del ambiente, de los postres, y de una rica charla, salimos contentos con el comentario “pues no es tan caro” flotando en nuestros labios en los que todavía permanece el gusto del buen hacer de un chef que merece un aplauso continuo. 

divendres, 1 d’abril del 2016

LA MATA ROSADA

En un capítulo de The Simpons, Homer se pierde a bordo de una lancha inflable en el mar. Una lancha en la que viaja acompañado de su hijo Bart y de los tres varones Flanders. Tras pasar varios días a la deriva, descubren una Krasty Burger en una plataforma petrolífera en medio del océano y comen hasta saciarse de toda el hambre acumulada. Pues bien, así me siento yo cuando voy a Samaná y atravieso el umbral del restaurante La mata rosada. ¿Cómo es posible que un lugar como ese, y tras una fachada como esa, se esconda el mejor restaurante del nordeste de la isla (y de parte del resto de la misma)?

La mata rosada es un restaurante que se encuentra ubicado en el malecón de Santa Bárbara de Samaná, lejos de los dominios del todopoderoso Bávaro o de la capital, Santo Domingo, pero que se ha convertido, por méritos propios, en un atractivo más de la preciosa península. Con vistas a la bahía de Samaná, el restaurante tiene una carta exquisita, original, y de excelente calidad, además a un precio muy razonable.

Uno de los platos que más disfruto cuando voy es el pescado a la hoja, un plato excelente en el que se combina la cocina criolla con los conocimientos de la cuisine française. Tiene también platos más mediterráneos, carnes, pastas, arroces, pescados y mariscos que fusiona con la cocina criolla rica en sabores dulces, cocos, vainillas y frutas, y fuertes, con sus ajíes y sus especies.

Sorprende que, a pesar de lo extenso de la carta, siempre dispongan de los ingredientes necesarios para cumplir con la misma y siempre lo hagan con el mismo nivel de calidad, lo que me lleva a preguntarme por qué, si en Samaná los propietarios de La mata rosada lo consiguen, aun con las dificultades de la zona, en Bávaro no haya forma de que se mantenga un plato tres semanas con la misma calidad, presentación o tamaño de la ración, salvo contadas excepciones. Incluso los postres, asignatura pendiente en la mayoría de los restaurantes del país, en La mata rosada son muy correctos. 

Gozar de un almuerzo, o una cena, en este restaurante es, sin duda, un motivo en sí mismo para visitar Samaná, uno más que añadir a los muchos encantos naturales con que goza esta parte de República Dominicana, y que recomiendo que no os perdáis.

dilluns, 28 de març del 2016

BROT BAGUEL SHOP

¿Tienes que ir a la playa y se te han roto las chancletas?, no hay problema, pasa por esta cafetería, pide un par de croissants y listos. Sólo tendrás que encontrar cómo atarlos a tus pies porque la consistencia de las suelas ya la tienes.

Eso sí, te costarán más caros que unos Manolo Blahnik, y mejor que no tengas prisa, porque si cometes el imperdonable error de ir antes de las nueve de la mañana (hora en que entra la directora/propietaria/encargada del negocio) es posible que mueras de abandono sentado en tu mesa leyendo una y otra vez el mismo periódico.

Es una pena tener que ser así de duro con una cafetería situada en pleno Village, la única de hecho, pero una vez más sus empleados se esfuerzan en dar lo mejor de cada uno de ellos para hundir el negocio que les da de comer. 

Amigos que la frecuentan después de las nueve de la mañana, y que como decía creo que es la hora en que la propietaria o responsable del negocio se hace cargo, me dicen que está bien, cara, pero correcta.

Yo no he tenido esa fortuna por la fea costumbre que tengo de levantarme pronto para ir a trabajar. Quizá en un futuro, cuando me recupere de la mandíbula y el estómago tras ingerir dos tablas chamuscadas con forma de croissant, vuelva a probar, aunque para ser sinceros..., no lo creo.

divendres, 25 de març del 2016

ZEN RESTAURANTE & LOUNGE


Una parte importante de la satisfacción tras abandonar un restaurante depende de haber acertado con alguno de los platos estrella de dicho restaurante. Otra parte influyente es no sentir que te han golpeado con un martillo percutor a modo de cerdo-hucha para sacarte hasta el último peso que llevaras, y el resto se compone del servicio, la decoración, el ambiente, tu propia hambre…

Pues bien, tras cenar dos rolls en el restaurante Zen de Punta Cana Village, tuve la sensación de haber acertado con todo. Incluso con el servicio, pues el camarero que nos atendió era la primera noche que trabajaba allí (o por lo menos lo parecía), y pese a no saberse ni un solo plato de la carta, contrarrestó su falta de información con un servicio atento y cuidado.

El restaurante & lounge Zen tiene un ambiente que invita a la tranquilidad, y los platos que escogimos, rollo de atún, aguacate y salsa de miel, y otro de pollo salteado, plátano maduro, aguacate y salsa de miel, me parecieron correctos tanto en la cantidad de sus porciones como en lo que en ellas nos sirvieron. Cocina sencilla formada por platos de inspiración asiática y de otros más tradicionales, ambiente tranquilo, limpio y velocidades correctas, tanto para servir, como para traer la factura cuando decidimos dar por finalizada la velada.

Comenté, al día siguiente, nuestra experiencia en el restaurante con un compañero de trabajo, y su sorpresa fue mayúscula cuando le dije que habíamos cenado bien, y a un precio correcto (40 USD dos rollos y dos cervezas). Me explicó entonces que él había estado en el mismo restaurante unos días antes con su pareja y les habían servido un pollo seco y una lasaña incomible…, quién sabe, pero casi se lo merece por pedir eso en un restaurante que se llama Zen. 


dimarts, 22 de març del 2016

RESTAURANTE CASA GALICIA BY TIO JAIME

Dicen de este restaurante que es uno de esos en los que se come bien, pero caro. Puedo confirmar lo segundo y tengo muchas dudas de lo primero.

Ubicado en la zona residencial White Sands y decorado con bastante clase entre un mesón gallego tradicional y un restaurante de alcurnia tropical, tiene dos ambientes muy diferenciados, uno fuera tipo terraza, y otro dentro, bien acondicionado y del que yo salí con la sensación de que me habían estafado.

Fuimos cuatro amigos y decidimos cenar de tapas. Éstas fueron: huevos estrellados, tabla de embutidos ibéricos, croquetas de calamar en su tinta, pulpo a feira, una cazuelita de gulas y berenjenas asadas con queso de cabra. 

Los huevos estrellados estaban duros, cocidos, sin yema, las patatas empapadas en aceite, y los camarones (porque aquí los preparan con ellos) eran inexistentes, apenas encontramos dos del tamaño del dedo meñique de un bebé. Las croquetas estaban buenas, ocho bocados de croquetas de calamar en su tinta que fue, de lejos, lo mejor de la cena, aunque las sirvieron frías... Las berenjenas eran dos mitades, es decir, una berenjena de poco más de diez centímetros de longitud abierta por la mitad, asada y con una tira de queso de cabra sobre cada parte, pues bien, estaban crudas y duras. El pulpo, casi me jugaría un dólar a que no era pulpo, sino calamar gigante, y las gulas eran una de esas cazuelitas que anunciaban Puyol y Xabi Alonso hace unos años, del congelador al microondas y de ahí a la mesa, pero el premio gordo se lo llevó, de lejos, la tabla de embutidos ibéricos.

La tabla consistió en un plato con tres tiras de embutido, una de chorizo, una de lomo y una de longaniza del grosor de un papel de fumar, exactamente los mismos ingredientes, en el mismo orden y del mismo grosor que se venden en unas bolsas preparadas en el súper Pola y que cuestan menos de 2 USD. Aquí nos cobraron por esta vergüenza la escandalosa cifra de 15 USD, y ni siquiera se dignaron a separar las lonchas para que no se notara que las acaban de volcar de la bolsa al vacío al plato.

De postre pedimos filloas con crema pastelera, buenas, pero justitas, muy justitas..., y de beber, la mejor parte de la cena con diferencia pues pedimos cerveza Estrella Galizia, tres cervezas de esta marca, dos Presidente y una copa de vino blanco.

Nos cobraron por todo esto: unos huevos fritos (2) con patatas aceitadas, una berenjena cruda con queso de cabra, 8 bocaditos de croquetas, muy buenas pero frías, una tapa de pulpo calamarizado, una cazuelita de gulas, una tabla de embutidos impresentable, dos filloas, cinco cervezas y una copa de vino, la cifra de 140 USD.

Como el valor de las cosas es relativo a cada persona, me limito a exponer lo que nos cobraron a nosotros por estas racano-tapas.

Decía al principio que es un restaurante de esos en que la gente dice que se come bien, y quizá le demos otra oportunidad pidiendo un menú que no esté basado en las tapas, pero de momento mi sensación fue de salir timado como un turista en carnavales.



diumenge, 20 de març del 2016

CHEF PEPPER BAVARO

Lo que hace apenas un par de años supuso para la zona una entrada de aire fresco y alegría en la comida rápida para todos los bavarenses, hoy es un pozo de tristeza y un desastre que debería avergonzar a toda la cadena de establecimientos de esta marca.

Ubicado en la zona comercial Plaza San Juan, Bávaro, este restaurante de comida rápida franquicia de la marca Chef Pepper es, sin necesidad de probar todos los demás, el peor con diferencia.

Hacía meses que no pisaba sus instalaciones por culpa de un servicio deficiente, pero hoy, y por motivos más relacionados con la prisa que con el gusto, hemos caído de nuevo en sus redes de mal servicio. Mucha modernidad, mucha "tablet" para mostrar el menú, mucha tontería, y a la hora de la verdad he pedido las cuatro cervezas que tienen en la carta obteniendo la misma respuesta para todas, "se nos han acabado", después he probado con dos tipos diferentes de bocadillos (sandwich) y la respuesta ha sido idéntica. Al final le he pedido al camarero que me trajera lo que considerara oportuno y que tuviera la seguridad de que, independientemente de que se encontrara en la carta o no, estuviera en la cocina.

Tras más de treinta minutos esperando, el pobre adolescente que ejerce las funciones de mesero se ha acercado a decirnos que nuestra orden se había perdido y que debíamos volver a solicitarla.

Por desgracia el único valor que le quedaba a este restaurante, la velocidad, también ha sucumbido al mal hacer de sus empleados. Debo rescatar la comida, la cual si bien no es de nota y también ha sufrido un deterioro en estos dos años, especialmente en el tamaño de sus raciones, todavía mantiene un cierto nivel por encima de otras cadenas de comida rápida. 

El resultado ha sido una cuenta de 15 Dólares americanos por un bocadillo de pechuga de pollo, una cerveza que no era la que quería y cuarenta y cinco minutos de espera.

Decepcionante.